
En 1968, el espacio, el cosmos y todo lo que representaban seguían siendo para la humanidad, en gran medida, desconocidos e inaccesibles: un lugar donde se perdía la mirada y hasta donde solo llegaba la imaginación.
Ese mismo año David Bowie empieza a componer su particular odisea espacial, creando una idea del cosmos a la medida de nuestras fragilidades terrestres. La inspiración nace de la visión de 2001: Una odisea del espacio, que el cantante verá varias veces en los cines a partir de 1968 y que, como él mismo declararía, pondrá en marcha el proceso creativo de su canción más célebre.[i]
En la pantalla, Stanley Kubrick había mostrado un espacio inmenso, silencioso y bellísimo, pero también profundamente aséptico, frío e inquietante. La película presentaba el viaje interestelar como una experiencia a la vez tecnológica, intelectual y psicodélica, con el astronauta David Bowman empujado más allá de los límites del universo conocido.
En la mente de Bowie, el espacio se convierte en el lugar donde su primer gran personaje, Major Tom, se encuentra solo y suspendido en la inmensidad del vacío, mientras la humanidad —vista desde esa perspectiva— parece infinitamente pequeña e impotente.
El single Space Oddity se publica el 11 de julio de 1969, apenas nueve días antes de la llegada del hombre a la Luna. Pocos meses después, el 14 de noviembre, aparece en el Reino Unido el segundo álbum del cantautor, titulado simplemente David Bowie. No será hasta la reedición de RCA de 1972 cuando el disco adopte el título con el que hoy todos lo conocemos: Space Oddity.[ii] Es durante la composición de aquella canción destinada a entrar en la historia cuando el artista inglés comprende que el cosmos puede convertirse en el lugar perfecto para hacer nacer y vivir a sus personajes, observando la Tierra desde un punto de vista privilegiado. El resto del álbum aborda, en realidad, temas exquisitamente terrenales —la alienación, el amor, la crítica social y la desilusión— ocultos tras sonoridades psicodélicas y matices de folk-rock.
Bowie permanecerá con los pies en la Tierra durante tres años y dos álbumes (The Man Who Sold the World y Hunky Dory) antes de volver a volar entre las estrellas —o, mejor dicho, antes de partir de las estrellas para aterrizar en nuestro planeta.
Lo hace creando una nueva figura que, a diferencia de Major Tom, no será protagonista de una sola canción, sino de todo un álbum conceptual: Ziggy Stardust. El disco The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars aparece en 1972, acompañado por una banda que cobra vida tanto en el álbum como en los escenarios reales: los Spiders from Mars. Bowie se inspira en los mitos de la cultura pop y de la calle para moldear una estrella de rock extraterrestre de aspecto futurista, que se presenta ante la Tierra como un mesías, con una carga teatral y una fluidez sexual nunca vistas hasta entonces en el mundo de la música.[iii]

Ziggy es un intermediario entre un planeta ya moribundo y una esperanza que procede del cosmos. Con su música cuenta lo que ve en primera persona o, a su vez, es “contado” a través de las letras del álbum.
El espacio es el lugar de procedencia, las atmósferas son terrestres y la música interpretada por los “Spiders From Mars” es un glam rock cantado por una estrella destinada a seguir una trayectoria terriblemente “humana”, hasta autodestruirse y apagarse.
Bowie no se limita a interpretar un papel: se convierte en el personaje. En julio de 1972 lleva a Ziggy a los hogares británicos actuando en Top of the Pops con las primeras notas de Starman: pelo rojo, ropa iridiscente, una actitud física provocadora y descarada que conmociona y fascina a toda una generación de adolescentes británicos.[iv]
Desde aquel 1969 pasarán 47 años y otros 25 álbumes de estudio. Bowie creará numerosos personajes, algunos convertidos en iconos de época y ninguno inadvertido, pero todos firmemente anclados a la Tierra. Solo con su último trabajo, Blackstar, el artista decide simbólicamente regresar al espacio. Aquí el cosmos vuelve a ser un lugar misterioso y desconocido: el destino final de una transformación personal y espiritual. Un álbum oscuro, sombrío y vanguardista, como oscuro es también su símbolo: una estrella negra “★” que sustituye al título literal del disco y cuya clave de lectura definitiva Bowie nunca proporcionará. Un detalle de autor: en algunas versiones del vinilo, al observar el gatefold a contraluz aparece una extensión de estrellas que de otro modo permanece invisible.
Para construir el universo sonoro de Blackstar, Bowie abandona la formación clásica de rock y confía en el saxofonista neoyorquino Donny McCaslin y su cuarteto de jazz contemporáneo. Después de escucharlos en directo en un club de Nueva York, el artista les envía demos muy estructuradas, sobre las que el grupo modela un tejido musical sofisticado, oscuro y vanguardista. Sobre esas tramas, Bowie incorpora reflexiones acerca de la mortalidad, el renacimiento, la violencia y la búsqueda interior.[v]
Publicado apenas dos días antes de su muerte, Blackstar ha sido leído por muchos como un conmovedor testamento espiritual. Una interpretación inevitable que, sin embargo, corre el riesgo de reducirlo a un simple “epitafio”, cuando se trata de un disco que mira con valentía hacia el futuro, explorando nuevos territorios entre el jazz, el art-rock y la electrónica.
1969 – Space Oddity y la soledad del cosmos

Tras la cuenta atrás inicial, acompañada por el arpegio de guitarra, Bowie empieza a hablarnos de su primer personaje, Major Tom, flotando en un punto impreciso del universo. La canción pone en escena un diálogo por radio entre el astronauta y el Ground Control terrestre, cuyas instrucciones burocráticas ponen de manifiesto la pequeñez del ser humano frente a una empresa tan inmensa.
La voz del jovencísimo Bowie se vuelve cada vez más intensa y angustiada, mientras las cuerdas arregladas por Paul Buckmaster y el Mellotron interpretado por Rick Wakeman dibujan una atmósfera suspendida. En el punto culminante de la canción, la mirada de Major Tom se vuelve hacia la Tierra y, frente al éxito tecnológico de la humanidad, el astronauta parece aceptar con serena resignación su separación del mundo que lo ha enviado a la órbita. Cuando las comunicaciones callan y la canción se desvanece en el silencio, queda una duda sin resolver: ¿el espacio se ha tragado a su visitante o ha sido Major Tom quien ha decidido perderse en el infinito?
El primer gran personaje “cósmico” creado por David Bowie termina así su primera aparición, en el espacio de 5 minutos y 18 segundos, abriendo al mismo tiempo el camino a un artista que poco a poco será cada vez más consciente de su capacidad para crear personajes.
Ziggy Stardust (1972): La llegada a la Tierra
Five Years
El álbum Ziggy Stardust se abre con Five Years, introducida por el ritmo esencial de la batería, después por un ligero arpegio de guitarra y, finalmente, por la voz de Bowie, que nos cuenta que a la Tierra solo le quedan cinco años de vida. Sostenida por el piano y por un crescendo orquestal cada vez más apremiante, la voz del cantante se vuelve progresivamente más tensa y desesperada mientras asistimos a las escenas surrealistas que se suceden entre la multitud de una plaza inglesa cualquiera.
Bowie abre así su álbum sin revelar todavía al protagonista de la historia, pero mostrándonos una humanidad débil, frágil y desorientada.
Moonage Daydream & Starman
Será Moonage Daydream la encargada de presentar a Ziggy con toda su fuerza arrolladora, impulsada por el riff de guitarra que abre la canción y por la proclamación del cantante, que se presenta como un invasor espacial. Es la primera pieza en la construcción de su identidad extraterrestre: Bowie lo hace mediante una letra cargada de violencia, carnalidad e imágenes deliberadamente exageradas, transgresoras y de ciencia ficción, pensadas para grabarse a fuego en la mente de quien se dispone a recibir la palabra mesiánica de Ziggy.
La dulzura de Bowie-Ziggy reaparece, sin embargo, inmediatamente después, en Starman. Esta vez el relato comienza siguiendo a un muchacho que capta por la radio la transmisión de un “hombre de las estrellas” dispuesto —en una especie de danza cósmica— a hablar y cantar a la humanidad. Guiados por la voz tranquila, envolvente y ligeramente melancólica de Bowie, sostenida por la guitarra limpia de Mick Ronson, pasamos de la estrofa a un estribillo que estalla de repente, para después calmarse en la segunda estrofa y volver a elevarse en un nuevo crescendo. El mensaje es claro: el hombre llegado del cosmos está esperando en el cielo, deseoso de revelarse y comunicarse a través de las frecuencias de radio. Pero será el propio Bowie quien lleve materialmente a Ziggy Stardust a los hogares británicos, encarnándolo en Top of the Pops en julio de 1972: pelo llameante, ropa iridiscente y Mick Ronson a su lado. A estas alturas, el cosmos ya es solo el punto de partida: la Tierra se ha convertido en el escenario.[vi]

David Bowie en el papel de Ziggy Stardust durante un concierto
Ziggy Stardust & Rock ‘n’ Roll Suicide
Sobre este escenario van sucediéndose las canciones del disco hasta llegar a la novena pista, Ziggy Stardust, donde el mito del alienígena se filtra a través de la mirada de sus propios compañeros de banda. Encajado sobre el célebre riff de guitarra que dibuja la arquitectura de la canción, el texto muestra a un Ziggy que, al meterse demasiado en la piel de la estrella de rock, termina por descubrirse incluso demasiado “humano”, devorado por su propio personaje hasta la inevitable autodestrucción.
Aunque lleva consigo el imaginario de las estrellas, Ziggy se ha enamorado de la Tierra y de sus habitantes; ha intentado llevarles una salvación, pero ha quedado tan fascinado por ellos que termina dejándose destruir, precipitándose en una trayectoria descendente que culmina en el “suicidio del Rock ‘N’ Roll”. Rock ‘N’ Roll Suicide es, de hecho, la despedida del álbum: un comienzo acústico, sostenido por la voz doliente y decadente del artista, que crece latido tras latido hasta la explosión final. Aquí Bowie grita a su protagonista que no está solo, invocando casi su redención ante los ojos de quienes lo han amado.
Blackstar (2016): El cosmos como destino final
Blackstar
La estrella negra que domina la portada es el símbolo y la enigmática metáfora de la última obra maestra de Bowie. Y es precisamente con esta title track homónima con la que el artista decide abrir el disco: una pieza compleja y retorcida que vuelve de inmediato la mirada hacia el cosmos, retratándolo como un lugar oscuro y desolado.
La canción despega sobre ritmos electrónicos y percusiones inquietantes, mientras la voz madura de Bowie recita un texto enigmático de matices rituales. Sonidos, voces estratificadas, fragmentos de saxofón y sintetizadores cósmicos envuelven al oyente en una atmósfera oscura y asfixiante. A mitad de la pieza todo se detiene y se abre una grieta de luz melódica, casi liberadora; un paréntesis luminoso que, sin embargo, es reabsorbido poco a poco por la Estrella Negra. La oscuridad ritual del inicio vuelve a engullir y ralentizar los sonidos, sostenida por un saxofón que dibuja melodías extrañas, extravagantes y casi perturbadoras. Aunque la escucha posee ya por sí sola una extraordinaria fuerza visionaria, el videoclip de Blackstar, dirigido por Johan Renck, ofrece otra clave de lectura: en la pantalla aparece un planeta alienígena con el sol oscurecido por un eclipse y el cuerpo sin vida de un astronauta, al que se acerca una mujer misteriosa. Según las intenciones del director, ese cuerpo es precisamente Major Tom, finalmente encontrado en el punto exacto en el que su viaje ha alcanzado su destino final.[vii]
Con Blackstar, Bowie realiza un verdadero recorrido catártico: un paso de la oscuridad inicial a la luz para volver después a precipitarse en las tinieblas, guiado por un texto enigmático y cargado de ecos rituales y esotéricos. Un viaje que se desarrolla enteramente dentro de un universo alienígena y distante, tanto en las tramas sonoras como en la sugestión de las palabras.
Para reencontrar a Bowie en su dimensión más íntima y humana hay que esperar hasta la tercera pista, Lazarus. Aquí el artista vuelve a la Tierra para entregar la canción que muchos han definido como su testamento musical (aunque originalmente había nacido para el espectáculo teatral homónimo). El bajo hipnótico que abre la pieza, seguido por una batería amortiguada, un saxofón melancólico y unas tramas sonoras oblicuas, prepara la entrada de una voz que parece mostrar por primera vez todo el peso de los años y de sus propias fragilidades. La letra adquiere un tono casi autobiográfico al retratar al hombre: frágil, despojado de toda máscara frente a unas debilidades que ahora reconoce sin ningún temor. La escucha nos conduce así a un final liberador, donde el saxofón toma el protagonismo y proyecta la canción hacia su conclusión, acompañado por las ráfagas de guitarra eléctrica que subrayan de forma trágica la despedida de su intérprete.
Finalmente será la séptima y última pista la que selle el álbum: la deliberadamente enigmática I Can’t Give Everything Away. Aquí emerge una luminosidad insólita en los sonidos y las atmósferas, dominadas por los teclados y por una letra con la que Bowie parece habernos llevado de la mano hasta las estrellas, sin revelarnos, sin embargo, qué se esconde más allá.
Desde la habitación de Nueva York en la que se grabó la canción, la mirada se eleva: atraviesa el cielo azul, que se vuelve cada vez más oscuro al acercarse a la estratosfera, hasta distinguir la curvatura del horizonte terrestre. Después, solo el negro del cosmos. Las estrellas.

Artwork de Lazarus, single extraído de Blackstar (2016).
[i] https://www.davidbowie.com/blog/2018/5/10/2001-a-space-odyssey-is-fifty?
[ii] https://www.davidbowie.com/2009/2009/08/12/space-oddity-40th-anniversary-edition?utm
[iii] https://www.davidbowie.com/the-rise-and-fall-of-ziggy-stardust-and-the-spiders-from-mars?utm
[iv] https://www.davidbowie.com/2015/2015/08/15/five-years-box-album-4-ziggy-stardust?utm_source
[v] https://www.davidbowie.com/blackstar?utm
[vi] https://www.davidbowie.com/blog/2022/7/6/starman-on-totp-fifty-years-ago-today?utm_source
[vii] https://www.davidbowie.com/blog/2025/11/20/-blackstar-single-is-10?utm_source
CRÉDITOS FOTOGRÁFICOS
Fotografía de una estampa de Bowie: Claudio Mauro, 2026
Fotografías del vinilo y del ejemplar de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars: Claudio Mauro, 2026
Fotografías del vinilo y del ejemplar de Blackstar: Claudio Mauro, 2026
Fotografías del vinilo y del ejemplar de Legacy: Claudio Mauro, 2026
Artwork de Lazarus, single extraído de Blackstar (2016). Imagen original: Scraben / Wikimedia Commons — CC BY-SA 4.0 — imagen recortada

